LA PROSTITUTA

 


 


En mi juventud de bohemio enamorado, la cual pensé que nunca acabaría, anduve por todo el Caribe en busca de nuevas aventuras y un buen bar donde encontrar los placeres de la vida. Nunca había estado con una prostituta, pero estaba decidido a hacerlo, me parecía emocionante la idea de entrar a un lugar, mirar a una chica y comprar un par de horas de su tiempo.  Llevaba muchos días pensando en esto, había llegado al punto en que era en lo único que pensaba, no me sacaba de la cabeza cómo sería vivir esa experiencia.  Observé que sólo cambiaba el idioma, el acento y algunas características físicas, pero la actividad de la prostitución es la misma en cualquier lugar, la ventaja es que el lenguaje sexual es universal.

 

En un lugar del Caribe encontré el bar que busqué por mucho tiempo, no era tan grande, en realidad era exactamente lo que se espera de esos lugares, estaba en penumbras,  había mucho humo de cigarrillo,  un hombre grande de aspecto rudo en la entrada, un joven servía las bebidas y al menos había una docena de mujeres jóvenes, una más hermosa que la otra, de diferentes rasgos y facciones, unas altas, otras bajas, habían mujeres para todos los gustos, sin embargo, de todas las chicas había una que me cautivó.  Su piel era dorada, con largas piernas y exuberante cabello, bailaba música latina con movimientos sensuales, provocando pensamientos lascivos a todos en el lugar.

 

Su mirada era sexy y cautivadora. Al verla por primera vez me di cuenta de que no sería fácil conquistar a esa preciosura de mujer.  Su belleza era tal que dudé en tener alguna oportunidad, pero en estos casos el dinero ayudaría a pagar un poco de su tiempo.  Mi decisión superaba mis posibilidades. Sin pérdida de tiempo me acerqué, la saludé como a toda una dama, estando cerca noté aún más su belleza.  Tenía labios carnosos y su aroma era exquisito.  Momentos después le pedí que me acompañara a la mesa.

Con una sonrisa en los labios y picardía en los ojos me indicó que más adelante me acompañaría. Esta acción era una forma de darse valor y mostrar sus atributos mientras caminaba de un lugar a otro.  El tiempo de espera solo incrementaba mi deseo, mis ganas de poseerla, cada segundo que pasaba me parecía eterno y ella se hacía esperar.

 

En una esquina de la barra estaba otra chica que no dejaba de mirarme, ya pasada media hora, observé que había decidido acompañarme. Era una chica muy bonita, usaba un traje pequeño y ceñido de color verde oliva que iba muy bien con el tono de su piel, su cabello era corto y sus ojos color ámbar, pero aunque se esforzaba por llamar mi atención no lo conseguía. Yo no tenía ojos para otra, estaba tan distraído que ni siquiera me di cuenta del momento en el que mi acompañante abandonó la mesa. Unos minutos después llegó un magnate, el cual cautivó la atención de la joven y esta concentró toda su artillería en aquel hombre.

 

Yo sentado en un rincón del bar podía sentir mi primer golpe bajo. Momentos después un mesero llegó hasta su mesa con una botella de un excelente whisky, mientras el magnate hablaba con la joven y acariciaba sus lindas piernas.  No podía contener la rabia e impotencia, ahora me daba cuenta de que no vendría a mí, no importaba cuánto lo deseara, simplemente no pasaría.

 

En ese momento aprendí que, “los perros de los pobres comen si hay sobras”. Luego comenzaron a bailar, yo en mi esquina como boxeador apaleado solo debía conformarme con verla estirar sus piernas y mover su cadera al ritmo de la música, mientras el hombre la aprisionaba contra su cuerpo.  Estaban relajados, divirtiéndose juntos con grandes carcajadas y yo tan molesto y lleno de ira, la impotencia me invadía. La voz de la dignidad me decía que me levantara de aquella mesa y me fuera de aquel lugar, pero no podía, aun esperaba mi oportunidad.

 

No mucho tiempo después llegó otro hombre muy bien vestido, acompañado de dos guarda espaldas.  En ese instante la cosa se puso buena, al ver la situación mi ánimo cambió. A la llegada del segundo individuo la situación cambiaría para siempre, sentí que ahí estaba mi tregua.  Cuando la joven vio quién a entraba por la puerta, sin dar explicación se levantó de la mesa del magnate y se lanzó en brazos de aquel hombre.

 

Por un momento me sentí muy feliz al ver que le quitaron la mujer a quién me la quitó a mí, sentí mucha satisfacción al pensar que ahora el magnate estaba en mi posición y sentía lo mismo que sentí yo cuando me quitó la mujer que yo deseaba. No importaba su dinero, él estaba en mis zapatos ahora.  Las prostitutas son movidas por intereses, por el mejor postor. Mientras el magnate quedaba con los ojos largos yo tomaba un trago hasta el fondo del vaso en señal de alegría.  Más tarde entendí que no importaba en cuantos brazos ella se posara, simplemente estaba lejos de los míos. Intentaba cruzar la mirada con esos hermosos ojos marrones cubiertos por grandes pestañas, pero era imposible ya que el nuevo personaje era quien gozaba de su atención. 

 

Luego llegó un mesero con lujosas copas y una botella de coñac, e hombre vació casi la mitad de la botella en el piso, en honor a los muertos. Esta demostración de poder y dinero me colocaba más lejos de mi objetivo, ya era imposible competir.

 

Podía ver cómo el magnate se consumía en su mesa, estaba más desolado que yo, la tenía para él, entre sus brazos, la tuvo pegada a su cuerpo mientras bailaban, estuvo tan cerca de la meta y perdió la oportunidad, eso lo debía hacer sentir mucho peor.  Apenas comenzaba a sentir lo que yo había superado.  Sentía que el tiempo iba más lento que los días anteriores, en un momento me di cuenta que el magnate me observaba y con el ceño de sus cejas me saludó.

 

Pasando el tiempo y con unas cuantas copas demás abordé a un mesero y le pregunté por la joven.  Pero la respuesta de este me dejó muy sorprendido.  Se acercó y me susurró al oído que debía darle dos cientos pesos por la información ya que en ese lugar todo era un negocio. No me dejaba más opción, como buen cabaretero le dije que ya no me interesaba la información.  Esperé un momento y llamé a otro mesero que pasaba, este me pidió tres cientos pesos por la información, vi que era muy en serio lo del negocio así que no tuve más opción que llamar al anterior y darle los dos cientos pesos.

 

Comenzó a explicarme la historia, dijo que el primer hombre era un empresario que siempre visitaba el lugar interesado en la joven pero nunca había tenido la oportunidad con ella porque alguien daba aviso al segundo hombre quien era un político y quien llegaba para arrancarla de los brazos de cualquiera. El empresario perdía la oportunidad ante el político.

 

Luego detalló que esa joven era hija de próceres y educada en los mejores colegios del mundo, con grandes valores éticos y morales pero que ella y muchas vecinas más cayeron en manos de los políticos y estos las prostituyeron. Manifestó que los políticos habían prostituido a todas las caribeñas. También me dijo que él en particular agradecía a los políticos por la prostitución porque muchas personas vivían de ese negocio incluyéndose, me aseguró que pronto el mundo sería prostituido por los políticos si los empresarios no se apercibían de esta situación.

 

Esto era algo nuevo para mí, no podía digerir tanta información en tan pocas palabras. Jóvenes con educación y con tanto potencial que se dejaban utilizar por esos viejos, quienes solo buscaban sacar provecho sexual para luego desecharlas cuando ya no fueran atractivas. Un círculo vicioso que continuaría de generación en generación.  Con el corazón destrozado pagué la cuenta y decidí marcharme del negocio.

Pero no quise irme sin antes preguntar por el nombre de la joven, el mesero me indicó que ya los dos cientos pesos se me habían agotado y que debía darle cien pesos más para la nueva información. Lo miré con rabia y nuevamente con impotencia; pero este al ver mi cara me dijo, señor no olvide que en este lugar todo es un negocio.

 

No tuve más opción que darle el dinero; De inmediato me expresó que la apodaban Quisqueya, pero que se llamaba República Dominicana.

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