VIVIENDO CON EL ENEMIGO

 


 

  

 

 

 


 

 


 

Ayer en la mañana alguien me atacó fuertemente, no entendía cuáles eran las razones pero esa persona estaba furiosa conmigo, me agredía sin razón alguna. La mañana había transcurrido como era habitual hasta ese momento, entonces de forma instintiva hice lo único que se me ocurrió, comencé a moverme de un lado a otro intentando esquivar a mi atacante, pero lo único que podía ver era como los objetos volaban y venían sobre mí. Intentaba agredirme con todo lo que encontraba a su paso; tijeras, zapatos, escoba, revistas y hasta un plato me lanzó.

 

 Al fracasar en mi intento de escape, quise razonar con mi atacante, explicarle que no quería hacerle daño ni entrar en una pelea física, pero este parecía no escuchar ni entender, fue entonces cuando comprendí que su idioma no era el mío, no podía entender nada de lo que decía, pero no me preocupaba esa parte, mi preocupación era salir con vida de aquel lugar.

 

Aquello parecía un campo de batalla.  El caos reinaba, era una locura lo que estaba pasando, entre gritos  y golpes y yo sin entender nada; abrió la puerta y salió a una gran velocidad con estruendosos gritos.  En ese momento de silencio comencé a pensar,  traté de recordar cuál fue mi ofensa, en que fallé, como me había ganado semejante odio de alguien a quien nunca había visto en mi vida. La adrenalina recorría  todo mi cuerpo y el corazón latía a mil por minuto, no lograba ver las cosas con claridad.  Estuve unos segundos  sin moverme, respirando profundo y tratando de recuperar el aliento,  y fue entonces cuando vi la puerta abierta y me dispuse a salir (justo en ese momento mi atacante venía con refuerzos)

 Alcancé a ver que venía con un fortachón y tengo que admitir que entré en pánico, soy pequeño y delgado, las peleas no son lo mío, me paralizó el miedo, entonces él fue directo al lugar donde yo estaba y mientras se acercaba me resignaba porque sabía que con un solo golpe me mandaría para el otro mundo.  Sin embargo, a pesar de mis pocas posibilidades y de tener todas las apuestas en mi contra, me dispuse a usar mi única ventaja en esta pelea; mi tamaño y rapidez quizá me sacarían de esto.

 

A pesar de mi gran esfuerzo y mis enormes ganas de vivir admito con vergüenza que perdí, me tomó con sus ásperas manos y me lanzó a más de treinta metros de altura. Era mi final, mientras yo volaba por los aires me resignaba a una muerte segura.  De esos momentos finales hay muchas teorías: algunos ven pasar su vida entera ante sus ojos como una película,  otros recuerdan solo  las cosas malas y se arrepienten.  Lo cierto es que, en ese momento yo solo le pedí a Dios perdón por los crímenes que había cometido y también me arrepentía por nunca haber criado a mis hijos. ¡¡Ese vuelo fue eterno!!

 

De pronto sentí que me quedaba suspendido en el aire, no fue más que un momento cuando terminas de subir y comienzas a descender, ese instante en la vida sientes una paz sin saber que cuanto más alto subes, más grande será la caída. Con un montón de cosas en mi cabeza y una especie de hueco en mí estómago, no sabía qué hacer, mis manos intentaban aferrarse a algo sin conseguirlo, mis pies buscaban estabilidad sin lograrlo, la

sensación de estar sobre “nada” es 

inexplicable.  Descendía estrepitosamente, mi cuerpo comenzó a dar vueltas en el aire; de antuvión logré ver un ave planeando que se apresuraba a mi rescate, le di gracias a Dios, mi salvación venía en camino. 

 A toda velocidad me atrapó con su pico, yo con cara de felicidad le daba las gracias por salvar mi vida.  Momento después  vi muchas aves que volaban detrás de quien había salvado mi vida.  Justo ahí comenzó una persecución  en pleno vuelo. Podía ver como todas hacían el intento de ayudarme, los picotazos iban en ráfagas hacia quien me rescató. Todavía sin haber asimilado bien la situación, solo gritaba: gracias, gracias por ayudarme. A pesar que mi salvadora tenía enemigos que seguían intentando matarla,  yo estaba feliz, también estaba más calmado, quizá porque me sentía seguro. Uno de los picotazos me lastimó un poco y fue entonces cuando la realidad me golpeó en la cara duramente. ¡Yo solo garantizaba un buen festín! 

 

 Ya no sabía quién era mi enemigo, si la primera persona que me atacó, el fortachón que me lanzó, el pájaro que me atrapó o las demás aves que nos perseguían. ¡Pero de algo estaba seguro, mi vida estaba en peligro sin importar en qué manos o pico estuviera!  

 

Me sentía como un tonto, supongo que a veces al estar en una mala situación, no somos capaces de ver quien es nuestro verdadero enemigo. Quien pareciera que nos está ayudando en realidad nos quiere hacer más daño.

 

La batalla se fue acalorando, cada vez más aves se sumaban a la persecución, los cielos fueron surcados por una gran parvada, hasta que ya no pudo sostenerme más en su pico, debía tomar una decisión rápidamente, defenderse de las demás o morir por su presa. Decidió soltarme en el aire; un grupo continuó la persecución del ave y otro fue directo hacia mí, estuve a punto de ser atrapado nuevamente, pero cuando los cazadores se pelean entre ellos, es la oportunidad de la presa para escapar.  Descendí rápidamente hasta caer en un árbol, me escondí con rapidez, antes que alguien más quisiera terminar con mi vida. 

 

Lo que comenzó como un día normal se había convertido en un día terrible y había estado cerca de la muerte en más de una ocasión y ni siquiera era mediodía. Me quede quieto e intentaba calmarme pero aún estaba asustado, mi color de piel había cambiado varias veces. Aún no era capaz de entender el origen de mis problemas.  Aturdido por los acontecimientos, me dispuse a descansar un buen rato. Mi mente daba vueltas en busca del origen de la situación y de como se había iniciado.  Si no analizaba el error, ningún  aprendizaje sacaría de ello. Debía encontrar un lugar seguro para meditar  y nada más seguro que mi propia casa.

 

Al llegar por fin a tierra firme comencé mi viaje de regreso.

Mientras  avanzaba me iba sintiendo mejor, más confiado y tranquilo.  Ya en el tronco del macizo me encontré con un viejo amigo a quien tenía muchos años sin ver, le conté lo sucedido y me respondió que de una forma similar él llegó a ese lugar.  Me indicó el camino para llegar a casa. Mientras recorría el sendero una serpiente me atacó sin previo aviso, rápidamente me alejé de ella con mi gran velocidad.

 

Esto me dejó claro que no todo el que te indica un camino es porque quiere tu bien, hay quienes te muestran el sendero que te llevará al abismo, no porque tú muerte los beneficie, sino por la simple razón de que tú eres un sobreviviente de batallas que ellos nunca han podido librar. 

 

Me sentí un poco mal porque quien pensé que era mi amigo me hizo tomar un mal camino. Seguí con marcha firme, estaba determinado a volver a casa lo antes posible, y que después de tantas cosas por las que había pasado,  solo me podían esperar cosas buenas.  Cuando llegué a mi árbol todos gritaban mi nombre ¡David! ¡David!  Te dábamos por muerto decían unos, otros manifestaban que nadie había sobrevivido a tantos encuentros con la muerte en un mismo día.  Ya todos conocían lo sucedido porque ellos estaban en tierra observando la batalla de las aves. No puedo entender  que mientras luchas por tu vida, los demás observan de lejos, esperando el desenlace, nadie te tiende la mano y algunos apuestan en tu contra pero conquistada la batalla todos dicen que apostaron por ti.

 

Mis aventuras me dieron estatus en la comarca, estuve asustado y lejos de considerarme “valiente”,  pero nadie lo sabía.  Solo fui alguien que inició un día de mala suerte y pudo sortear las adversidades de la vida  y  vio llegar el atardecer  sano y salvo.  Después de las felicitaciones de todos, entré en mi cueva y me dispuse a hacer un recuento de lo sucedido.  Inicié en la noche anterior.  Esa noche salí por una buena cena, luego de caminar por unos cuantos metros y de no encontrar nada, decidí ir más lejos de casa, más allá de lo acostumbrado.  En el patio de una casa de campo, alcancé a ver una pequeña sombra, la cual se hacía más y más grande al caminar, sigilosamente me fui acercando. 

 

Era una hermosa mariposa que volaba alrededor de una lámpara. Sus bellos colores se destacaban en cada movimiento suave de sus alas, sin que ella se diera cuenta fui acercándome hasta llegar muy cerca. Estaba solo allí y sentía que esa era mi gran noche, por un momento pensé que sería respetado por todos en la comarca, por llevar  la mariposa más hermosa que todos hayan visto, pero resulta que las cosas nunca salen como se planifican porque una cosa piensa el cazador y otra la presa. Con las patas firmes en la madera y mi corazón rebosante de alegría, solo esperaba el momento para saltar sobre ella, cuando salté ella esquivó el ataque y yo caí al suelo. De mala manera entendí que las emociones dañan los momentos de cacería.  Aturdido por el fuerte golpe me fui arrastrando hasta llegar a un sitio seguro. 

 

 Con la frustración de perder la mariposa me quedé dormido. En horas de la madrugada desperté por el frío, con el cuerpo entumecido, no podía casi ni moverme, todo estaba muy oscuro y no sabía hacia dónde ir, dando pasos a ciegas encontré un lugar tibio donde terminé de pasar la noche.  Al despertar en la mañana  y dispuesto a irme a casa, mis movimientos alertaron a alguien de mi presencia, encendió  la luz y sin preguntar que hacía yo allí comenzó a atacarme. 

 

Solo fui un pequeño lagartito que salió de su comarca por una buena mariposa, la cual convirtió mi vida en una carrera por sobrevivir y luego en un gran héroe. Mi único delito consistía en ser una especie diferente, y mi involuntario error era compartir habitad con los humanos, quienes se habían convertido en el centro del universo. 

Por: Edward Pérez 

Comunicador y Escritor 

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